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Editorial

“La historia tiene que ser reescrita en cada generación porque, aunque el pasado no cambia, el presente sí lo hace”.

Christopher Hill.

El mundo trastornado. El ideario popular extremista en la Revolución Inglesa del siglo XVII.

L a aparición de una revista de historia y pensamiento crítico demanda una justificación doble. En primer lugar: ¿por qué otra revista dedicada a estudios históricos cuando existe una quincena de órganos en la Argentina que editan con cierta regularidad, y en los que, por lo demás, nosotras/os también hemos contribuido? En segundo lugar: ¿qué significa hoy una publicación periódica que se quiere de izquierda? Ensayemos respuestas.

Quienes hacemos Nuevo Topo compartimos los criterios epistemológicos básicos constitutivos del campo historiográfico y de las ciencias sociales, pero deseamos ensamblarlos de otra manera a la prevaleciente. ¿Para qué? Para que quienes investiguen desde una sensibilidad crítica de la sociedad consideren a esta revista como un espacio suyo. Propio para el ejercicio de destrezas especializadas y por la inclinación a componer la indagación en matrices que subrayen la comprensión del cambio social, las contradicciones de lo real, las incertidumbres inherentes a la existencia así como la perdurabilidad de las estructuras, en fin, las porfías por cuestionar el embaucador corsé de lo posible. Las reglas del oficio historiador no pertenecen a nadie, ni son exclusivas de las instituciones académicas. Son el producto de un desarrollo cultural de la humanidad, y como tales, son procedimientos históricos, mudables, reformables.

Nos tensamos entre dos actitudes: salvaguardamos el seguimiento de unas normas exigibles (contraste empírico de las hipótesis, conocimiento de la bibliografía existente, debate con las posiciones divergentes) y las consideramos precipitados modificables, siempre que lo sean con buenos motivos. Confesamos que nos seduce más el gesto vanguardista de explorar nuevos modos de saber, pero no cedemos en el rigor porque no hay caminos holgados para la ciencia. Pensamos que ambos talantes son compatibles y aún más estimulantes que cualquier conservadurismo intelectual, pues todo saber que aspire a elaborar conocimientos debe someterse a la misma sospecha con que se abordan los “objetos de investigación”.

Existe, no obstante, una asimetría entre conocimiento y perspectiva ideológico-política. No es necesario considerar a la política una ciencia para entender que es indeseable una política que se sirva mal del conocimiento o elija lo erróneo por necesidades tácticas. Es fatal para cualquier forma de saber el subordinarla a la razón política. Entre conocimiento y política no hay una síntesis apacible, pero tampoco la escisión a la que aspira ingenuamente el objetivismo. Con escasas excepciones, las revistas de las ciencias sociales se inhiben de intentar conciliar, adrede, las dos actitudes. Aquí no, y lo hacemos con una sensibilidad de izquierda.

Las prescindencias ideológicas nos parecen ingenuas, pero son sin duda útiles para publicaciones que deben acoger una variedad de perspectivas como prueba de ecuanimidad. Sería inaceptable que una publicación académica rechazara un artículo por estar sesgado por un derechismo evidente, si el texto es un aporte al conocimiento aunque lo provea desde un punto de vista determinado. Nuevo Topo se las ingeniará para desplegar la producción de una pléyade de investigadores que deseen contribuir al cambio social a través de un ejercicio situado y mediado de sus habilidades científicas. Se dirá, con razón, que ese paradero político-cultural es poroso, ambiguo, e incluso vacío. Asumimos la condición problemática del campo de la izquierda, mas pretendemos contribuir a la polémica sobre su posibilidad y futuro. Ya que es inverosímil la desconexión entre lo ideológico y lo científico, doblamos la apuesta y decimos: “declaremos nuestras posiciones y elaboremos desde allí”.

Así como no aceptamos la naturalización de una escisión entre conocimiento y compromiso social, tampoco consentimos la prescindencia de un diálogo entre las disciplinas del arco de las ciencias sociales e incluso de las ciencias naturales. En este sentido, Nuevo Topo auspiciará el intercambio, desde nuestra disciplina formativa, la historia, con la antropología, el derecho, la sociología, el psicoanálisis, la filosofía, la pedagogía, los estudios de género, la demografía, la economía, los estudios culturales, y todo saber apto para ingresar a un diálogo interdisciplinario productivo.

¿Qué novedad aspiramos a aportar al mundo de las revistas de la cultura de izquierda? No nos presentamos como la superación de otras publicaciones; no pretendemos portar la flama purísima del  pensamiento radical; tampoco convocamos a quienes aportan sus esfuerzos en otras publicaciones a que se pasen con armas y bagajes a la nave de Nuevo Topo. Esta revista es conciliable con otras. Quienes deseen publicar en ella pueden mantener sus adscripciones ideológicas. Nuestro propósito es la construcción de un espacio de debate y confluencia común. Deseamos, por lo tanto, que estas páginas sean consideradas como una zona franca para el disenso leal y exigente. Nuestra revista pertenecerá a una red de otras publicaciones. Es preciso neutralizar la tentación de fundar una nueva tribu de lealtades pétreas en torno a una idea o un liderazgo carismático. Nuestro Consejo Editorial es plural y está apoyado en los pilares del esfuerzo colectivo y el trabajo conjunto, reconociendo la singularidad de los aportes individuales.

Es probable que con el naufragio del horizonte de una Argentina próspera, Potencia o del Primer Mundo, un imaginario imperante hasta la crisis de diciembre de 2001, también se haya desmoronado el sentido “progresivo” de una visión de la historia, imperante en la historiografía argentina de las últimas dos décadas. Una historiografía cuya vigencia pareciera confirmada por su indiscutible capacidad de producir artículos y libros. Sin embargo, no está claro que sus actuales preguntas estén a la altura de los tiempos. Es sabido que cada época reescribe su pasado. Una nueva etapa histórica, incierta y crujiente, tropieza con una vacancia historiográfica que no debe ser confundida con la masa de textos que se eleva sin cesar. Nuevo Topo se propondrá, con entendible modestia, auspiciar nuevas propuestas para un ciclo historiográfico cuyos contornos se adivinan, sutiles y evasivos, como los primeros fulgores del amanecer.

* * *

La estructura interna de Nuevo Topo incluye las siguientes secciones fijas: “Artículos”, en donde se presentan resultados de investigación; “Perfiles”, destinada a rescatar figuras intelectuales y políticas olvidadas, relegadas o, como en este número, poco transitadas en nuestro medio, de cuya evocación crítica pretendemos obtener algún provecho;  y “Crítica de libros”, dedicada a las reseñas bibliográficas que se propongan establecer una visión novedosa de obras aparecidas  recientemente. Eventualmente, existirán otras dos secciones: “Ensayos”, reservada a los escritos de problematización y polémica, de apertura de nuevas reflexiones y examen crítico; y Entrevistas”. Al mismo tiempo, se intentará constituir dossiers temáticos, a partir de investigaciones conjuntas y plurales.

Nuevo Topo evoca, es cierto, al infatigable viejo topo de la revolución proletaria y popular que vislumbra Marx en el XVIII Brumario. Nuestra batería teórica es más amplia y contradictoria que la sugerida por esta breve alusión, pero la adoptamos porque desde alguna esquina se comienza a caminar. Si elegimos decir Nuevo es porque deseamos que la razón y la pasión se subleven, muten en remozadas formas, cuyos sentidos estén siempre en construcción. En un mundo, una  Latinoamérica y una Argentina que han cambiado, los saberes creados en (y para) otras situaciones concretas merecen ser revisados.

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La llegada de Obama no es el fin del racismo

Los que se entusiasman con la elección en EE.UU. no advierten que un solo individuo no puede acabar con las nuevas formas de discriminación.

Por:  Ezequiel Adamovsky

Muchos se apresuran hoy a anunciar una vuelta de página en la historia de la discriminación. Pero una mirada más realista permite dudar de tal optimismo por la llegada de Obama.
Hasta hace algunos años, el racismo se expresaba en términos biológicos: los no-blancos eran “inferiores” por deficiencias innatas. Las luchas de las minorías y la ciencia convirtieron ese argumento en algo obsoleto.
Ante este cambio, es importante tener en cuenta que hoy existe lo que Balibar llamó un “nuevo racismo”. En el capitalismo, las diferencias de poder y riqueza se superpusieron con distinciones étnicas.
El racismo tradicional operaba ordenando las diferencias entre pueblos de acuerdo con su grado de “desviación” respecto de un ideal del humano “normal”: el blanco, educado y de cierto nivel económico.
Lo hacía no para excluir a los “inferiores” -el capitalismo siempre requirió su trabajo-, sino para integrarlos diferencialmente, de acuerdo a su distancia del ideal de “normalidad”.
En la América colonial, por ejemplo, se relegaba a los africanos a los peores trabajos, pero a los mestizos se les permitía acceder a puestos mejores cuanto más “blanqueados” fueran. La función del racismo no era entonces tanto la de mantener las “razas” separadas, como la de usar sus diferencias para producir y asegurar jerarquías sociales.
El “nuevo racismo” desempeña hoy una función similar, sólo que sin valerse de los argumentos biologicistas. Prefiere otros de tipo “cultural” o “social”. En teoría, hoy no hay impedimento para que a los no-blancos les vaya tan bien como a cualquiera. Es sólo que en este momento son “menos capaces” debido a factores como su falta de preparación, sus hábitos, su cultura poco emprendedora, etc.
Así, significantes culturales o sociológicos han reemplazado a los viejos argumentos biologicistas, pero siguen colaborando en la construcción de jerarquías sociales que todavía descansan en diferencias étnicas.
Menos “esencialista”, este nuevo racismo permite ordenar las diferencias entre tipos de humanos de una manera más flexible y, por ello, más apta para resistir las impugnaciones que se le hacen.
Aquellos que puedan demostrar que se acercan al ideal de comportamiento de un blanco, educado y de cierto nivel económico, podrán ser eventualmente admitidos en las máximas esferas del poder. Pero eso no cambia en nada el hecho de que se sigue presuponiendo que los no-blancos son, como grupo, por motivos culturales o sociales, menos capaces.
La llegada de un negro a la presidencia de los EE.UU. no autoriza por sí sola a anunciar el fin del racismo. Los no-blancos seguirán ocupando el último lugar en la pirámide social norteamericana, tanto como los pueblos no-europeos un lugar subalterno en la arquitectura del poder global.
Acabar con el racismo requerirá mucho más que una elección o un cambio cultural, por profundo que sea.

Publicado en Clarín, 10/11/2008

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La oportunidad del conflicto

Por Agustín Santella *

Para ciertos sectores de derecha, los terratenientes y chacareros expresan la legítima protesta de los que producen contra los parásitos expropiadores posicionados en el Estado. Por ejemplo, el diario La Nación, en su editorial del 20 de abril, analiza los gastos del Estado para sostener la idea de que el interés del aumento a las retenciones es la caja política del aparato presidencial, en vez de una sincera preocupación por los sectores populares, como declama el Gobierno. Según este análisis, las nuevas retenciones recaudarían unos 11 mil millones de pesos más en 2008, pero esto engrosaría al aparato clientelista del kirchnerismo, no el gasto social. Siguiendo estos informes, entre 2003 y 2008 unos 60 mil millones de pesos estuvieron disponibles para el uso partidario del Gobierno, escapando del registro declarado en los presupuestos nacionales. Seguramente, el Gobierno tome fondos para uso partidario, y no sean los gastos sociales los que más aumentaron durante sus gestiones. Pero hay otro rubro, no el “político”, que explica la variación del gasto estatal. Como menciona el mismo diario: “La situación fiscal no es holgada y será crecientemente comprometida si no se reducen los subsidios y se sincera el sistema de tarifas y precios, y si no se actúa frente al creciente gasto político y burocrático”. Los subsidios a empresas han crecido, reconocen, y para corregirlo hay que “sincerar las tarifas”. Sin retenciones y con tarifas “sinceras” para las empresas: la estrategia antipopular es clara. Para combatir el déficit fiscal en ciernes, esa propuesta se hace eco del reclamo de las empresas, como las telefónicas, de mantener dolarizado el precio al público (por supuesto, no los salarios de los telefónicos). Del otro lado, el incremento de las retenciones, más que expresión de irracionalidad populista, apunta a mantener la acumulación de capital a nivel local. El Gobierno sostiene que el esquema de retenciones y peso devaluado es el más conveniente para la rentabilidad general del capital invertido en la Argentina, sea agroindustrial o industrial a secas. Lo que queda para discutir desde la perspectiva de los sectores populares es su participación en el producto. Los programas de los dos bandos en pugna “no son lo mismo” para los trabajadores. La política de los ruralistas supondría mayor desocupación, caída del salario mayor, y continuidad de una economía “abierta”. Es cierto que la participación de los asalariados en el producto y el salario real en el ciclo 2003-2008 no es mucho mayor que la de los ’90. Pero la devaluación del peso supuso cierta protección industrial que permitió reponer el salario de su caída en la crisis. Aun con una mayor tasa de ganancia empresarial, la situación de los trabajadores ha mejorado respecto de 1998-2002. De hecho, esta mejora dio lugar a la ola de protesta huelguística de 2005-2006, la cual planteó la recuperación histórica del salario. Frente a ello, rápidamente las patronales y el Gobierno han advertido que “reclamo salarial es inflacionario”. Desde entonces los sectores obreros han perdido la iniciativa sobre este punto, como reflejan las paritarias actuales. El conflicto entre capital agrario y Gobierno por la distribución de la renta agraria ofrece una oportunidad para la clase de los que producen la riqueza. Sus intereses apenas han sido visibilizados. Los dos bandos no son lo mismo. En la línea del cuerpo de delegados del subte y movimientos sociales, la derrota del lockout agrario debe ser aprovechada para avanzar, asimismo, sobre el capital industrial.

* Docente de Sociología (UBA).

Publicado en Página 12,  09/05/08

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