Archivo de la categoría: Ezequiel Adamovsky

Uso político del antisemitismo

por Ezequiel Adamovsky *

En estos días representantes de la comunidad judía han denunciado un supuesto brote antisemita en Argentina. Que el antisemitismo existe y debe ser combatido, no cabe ninguna duda. Pero no ayuda a ello el uso político que de este tema realizan quienes apoyan las políticas israelíes. El mote de “antisemita” se viene usando con creciente intensidad con la sola finalidad de silenciar a aquellos que se atreven a criticar las injusticias que el estado de Israel viene cometiendo contra los palestinos. Son, sin embargo, cada vez más los judíos que comprenden que el legado cultural milenario de un pueblo no puede atarse a los intereses de un estado militarista.

Prominentes intelectuales como Naomi Klein vienen denunciando un nuevo “apartheid” contra los palestinos y llamando a un boicot contra Israel. Incluso rabinos y soldados israelíes han hecho pública su oposición. Pero además se han hecho oír voces de hartazgo frente a la manipulación de la denuncia “antisemita” y de la memoria del Holocausto. Sir Gerald Kaufman, miembro del Parlamento británico, se quejó públicamente de que el gobierno israelí “explota cínicamente el sentimiento de culpa que hay entre los cristianos por la masacre de judíos durante el Holocausto”, con el solo fin de “justificar el asesinato de palestinos”. Su voz se suma a la de otros, como la del filósofo Michael Neumann, que viene protestando por lo mismo desde hace años. Para Neumann resulta un “escándalo” la atención que recibe el problema del antisemitismo en relación con otras formas de racismo de igual o mayor importancia. Más aún, opina que, teniendo en cuenta que quienes defienden la causa israelí sistemáticamente la relacionan con la identidad judía, no es sino comprensible que haya reacciones antijudías como parte del rechazo de la política del sionismo. Tanto Kaufman como Neumann son descendientes de víctimas del nazismo. En Argentina son varios los que alzaron su voz contra el uso político de la memoria de los sufrimientos del pueblo judío. Entre otros, lo hizo Laura Ginsberg, familiar de una víctima del atentado a la AMIA.

Es preciso reconocer que la forma más preocupante y extendida de discriminación a nivel global no es hoy la que afecta a los judíos. Los árabes y musulmanes vienen siendo objeto de ataques de odio racial en numerosos países. Los prejuicios antimusulmanes son moneda corriente en la cultura de masas (basta ver la cantidad de films en los que se los relaciona con la irracionalidad y el terrorismo). El racismo antiárabe está arraigado en la propia sociedad israelí. Como informó la BBC en 2007, encuestas llevadas a cabo entre jóvenes de ese país mostraron que un 75% opinaba que los árabes eran menos inteligentes y más “sucios” que otros pueblos.

Indudablemente, la tolerancia que la opinión pública internacional viene mostrando frente a las sistemáticas violaciones de derechos humanos que afectan a musulmanes se explica en buena medida por esos prejuicios. En el mundo de Guantánamo y Abu Ghraib, de las cárceles clandestinas de la CIA en Europa y del fósforo blanco cayendo sobre niños en Palestina, combatir el racismo antiárabe debería aparecer como la prioridad principal para cualquier persona justa. El odio contra árabes y musulmanes es el nuevo antisemitismo.

* Historiador, profesor de la UBA, investigador del Conicet.

Publicado en Página 12, 09/02/2009

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Ezequiel Adamovsky, Intervenciones NT en los medios

La llegada de Obama no es el fin del racismo

Los que se entusiasman con la elección en EE.UU. no advierten que un solo individuo no puede acabar con las nuevas formas de discriminación.

Por:  Ezequiel Adamovsky

Muchos se apresuran hoy a anunciar una vuelta de página en la historia de la discriminación. Pero una mirada más realista permite dudar de tal optimismo por la llegada de Obama.
Hasta hace algunos años, el racismo se expresaba en términos biológicos: los no-blancos eran “inferiores” por deficiencias innatas. Las luchas de las minorías y la ciencia convirtieron ese argumento en algo obsoleto.
Ante este cambio, es importante tener en cuenta que hoy existe lo que Balibar llamó un “nuevo racismo”. En el capitalismo, las diferencias de poder y riqueza se superpusieron con distinciones étnicas.
El racismo tradicional operaba ordenando las diferencias entre pueblos de acuerdo con su grado de “desviación” respecto de un ideal del humano “normal”: el blanco, educado y de cierto nivel económico.
Lo hacía no para excluir a los “inferiores” -el capitalismo siempre requirió su trabajo-, sino para integrarlos diferencialmente, de acuerdo a su distancia del ideal de “normalidad”.
En la América colonial, por ejemplo, se relegaba a los africanos a los peores trabajos, pero a los mestizos se les permitía acceder a puestos mejores cuanto más “blanqueados” fueran. La función del racismo no era entonces tanto la de mantener las “razas” separadas, como la de usar sus diferencias para producir y asegurar jerarquías sociales.
El “nuevo racismo” desempeña hoy una función similar, sólo que sin valerse de los argumentos biologicistas. Prefiere otros de tipo “cultural” o “social”. En teoría, hoy no hay impedimento para que a los no-blancos les vaya tan bien como a cualquiera. Es sólo que en este momento son “menos capaces” debido a factores como su falta de preparación, sus hábitos, su cultura poco emprendedora, etc.
Así, significantes culturales o sociológicos han reemplazado a los viejos argumentos biologicistas, pero siguen colaborando en la construcción de jerarquías sociales que todavía descansan en diferencias étnicas.
Menos “esencialista”, este nuevo racismo permite ordenar las diferencias entre tipos de humanos de una manera más flexible y, por ello, más apta para resistir las impugnaciones que se le hacen.
Aquellos que puedan demostrar que se acercan al ideal de comportamiento de un blanco, educado y de cierto nivel económico, podrán ser eventualmente admitidos en las máximas esferas del poder. Pero eso no cambia en nada el hecho de que se sigue presuponiendo que los no-blancos son, como grupo, por motivos culturales o sociales, menos capaces.
La llegada de un negro a la presidencia de los EE.UU. no autoriza por sí sola a anunciar el fin del racismo. Los no-blancos seguirán ocupando el último lugar en la pirámide social norteamericana, tanto como los pueblos no-europeos un lugar subalterno en la arquitectura del poder global.
Acabar con el racismo requerirá mucho más que una elección o un cambio cultural, por profundo que sea.

Publicado en Clarín, 10/11/2008

Deja un comentario

Archivado bajo Ezequiel Adamovsky, Intervenciones NT en los medios